Abuelos: la octava maravilla del mundo

http://static.vix.com/es/sites/default/files/imj/entrepadres/1/10-cosas-por-las-que-amamos-a-los-abuelos.jpg
Escrito por Natalia Eluchans

La juventud y el aprendizaje. Siempre estamos en prácticas evolutivas, creciendo, incorporando nuevos conocimientos y manteniendo las expectativas y el incentivo constantes para lograr hacernos a la vida.

En ese vaivén de idas y vueltas, de hacer constantemente aquí y allá, nos detenemos sólo un momento para formar una familia.

El estudio, el trabajo, la impronta de ser quienes deseamos ser, de recolectar el material necesario para posicionarnos en el sitio adecuado.

Todo parece ser eterno, el tiempo transcurre veloz, pero con las ganas de encontrarnos en un tiempo lejano a gusto con nosotros mismos, con la economía resuelta y los problemas minimizados.

Formar una familia. En medio de las muchas actividades que realizamos, queriendo abarcar todo lo más que podamos, decidimos ser padres.

Sin dejar de crecer, nos disponemos a formar una vida, dos, tres… las que se nos presenten. Y allí, damos paso a la primer y única experiencia verdaderamente significativa en nuestra vida, en la vida en general.

Dar vida, verse reflejado en un ser pequeñito y frágil, que nos mantendrá en vilo por el resto del tiempo que pasemos en la tierra.

Vamos aprendiendo juntos a descubrir detalles impensados, madrugadas en vela, preocupaciones inesperadas, sentimientos tan sublimes que no se pueden expresar con palabras.

Vamos creciendo a la par, sin dejar de lado nuestras ocupaciones personales y laborales.

Pasa el tiempo. Abrumados por las miles de preocupaciones diarias, la rutina familiar y los miedos propios de todo aprendiz, descubrimos un día que nuestros retoños han crecido.

Si bien hemos aprendido suficiente el arte extenuante de ser padres, ya estamos en un lugar bastante distinto. Ahora, en plena era evolutiva, con la paciencia más liviana, con más tiempo para disfrutar de los detalles cotidianos que se nos brindan a cada momento, llegamos a la plenitud de la edad madura.

Hijos mayores, experiencias personales, prácticas distintas y la noticia extraordinaria de que vamos a ver en un cuerpecito diminuto, los gestos y manías de nuestros propios pedacitos de vida.

Vamos a ser abuelos.

La noticia siempre nos ataca por sorpresa, aunque las edades sean propicias y ya sepamos que va a suceder de un momento a otro, cuando sabemos con certeza que ya es un hecho, que vamos a ver crecer esas pancitas que, hasta no hace mucho tiempo atrás, llenábamos con dulces y comidas caseras, se nos paraliza el corazón.

Notamos que todo lo anterior no fue lo mejor, que vamos a vivir un momento tan único como cuando fuimos padres, con la emoción extra de ver como la vida que creamos, crea más vida y no se detiene el ciclo.

Amar, dar una parte nuestra al universo para que luego vuelva a nosotros con más fuerza y nos complemente.

Es que, ser abuelos es la idea de volver a ser padres pero sin los apuros, los miedos, la inexperiencia, las angustias de las responsabilidades ni los apuros rutinarios.

Ser abuelos nos distingue, nos regala la oportunidad de vivir cada parte de la maternidad, ya sabiendo casi todo lo necesario para vivir ese amor con más libertad y plenitud.

Somos un soporte emocional en la familia, la parte complementaria entre las reglamentaciones y los recreos de ellas.

Podemos darnos el lujo de pasar fines de semana enteros paseando, comiendo chocolates, haciendo postres, viendo pelis, dibujitos y riendo sin parar, dado que, no tenemos la carga del colegio, los horarios ni las formalidades típicas de los padres.

Podemos tan sólo dejarnos llevar por el sentimiento puro, haciendo todo aquello que siendo padres y teniendo que marcar pautas y reglas de convivencia, no podemos lograr vivir.

Apañar, desobedecer, malcriar, y hasta defender si hiciese falta.

Amar, tan profundo como eso, viendo paisajes nuevos dentro de un mismo saber, entendiendo las formas diferentes de enseñanza, sumando ideas, generando un vínculo flexible a los mayores y de confianza y bienestar para los pequeños.

Ser abuelos, es tener una nueva oportunidad de hacerlo mejor, de dar lo mejor y de devolverle al universo todo lo maravilloso que nos ha ofrecido.

Es tener una razón más para continuar evolucionando, es expresar todo lo que llevamos dentro en un abrazo perpetuo.

Es llenarse los ojos de sus caritas parecidas a nosotros, pero con formas nuevas, con movimientos y gestos diferentes.

Es ser espontáneos y determinantes, salir, pasear, disfrutar sin límites de tiempo ni espacios.

En definitiva, es la forma que tiene el amor de demostrarte que tan bien lo has hecho anteriormente.

Ser abuelos, la segunda experiencia más importante de la vida, después de la maternidad.

Y por si acaso, aún no han vivido esta maravillosa experiencia, tan sólo revivan el momento de ser padres, aumentado en varias emociones más.

Originaria de Parque Leloir, provincia de Buenos Aires, actualmente capital federal. Escritora aficionada y artesana, madre, abuela. Amante de los animales, en especial los gatos. En etapa activa de realización de mi primer libro de poemas en prosa.

Seguir al autor

Comentarios

comentar

Comentar