Autogestión: ¡Vivir de lo que amás es posible!

Escrito por Julieta Anseloni

En los barrios algo se está gestando. La sombra de los edificios ya no puede oscurecer la luz de los corazones que persiguen el encuentro. Entre trenes y avenidas se esparce el eco de tambores y carcajadas, invitando a los transeúntes a conocer los nuevos hogares de los suburbios. Pequeños espacios cuyas ventanas vibran de tanta energía concentrada.

Estamos hablando de arte y de trabajo, de presente compartido. Estamos hablando, lectores, del proyecto autogestivo.

Para contar esta historia, nos sumergimos en las profundidades del globo bonaerense, recorriendo las ramas de la ciudad llegamos a dos lugares que representan la autogestión en los barrios de Remedios de Escalada y Temperley. Para que comprendan quienes lean, se trata de zonas alejadas, que combaten el olvido. Allí donde la noche se interpone entre arboledas, justo allí, rompe el silencio la música de los encuentros fortuitos.

Luego de un espectáculo estilo varieté, que multiplicó carcajadas y reflexiones, Darío, actor y trabajador del grupo “Teatro Kabeza” nos contaba que todo comenzó casi sin querer, hace unos dieciséis años. Un grupito de jóvenes encontrándose, unidos por un anhelo: El arte. En su cabeza, recuerda, el picoteo del desanimo: “Te vas a morir de hambre”, decían.

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¡Si ahora los vieras! Llenando el teatro cada viernes, pintando sonrisas en los rostros de todas generaciones. Sosteniendo familias con el trabajo, que más que eso, es forma de vida. Una vida de intento y voluntad. Porque, claro que ningún sueño se alcanza durmiendo. En el relato de Darío sobrevolaba este mensaje. Han sido años de trabajo y preparación. De convivencia y aprendizaje. Aniquilar el ego, proponer sin imponer y también ceder. “Cuando vos perdés, ganás” nos decía él con un farol en el brillo de sus ojos. Todo un trayecto de preparación humana y profesional. Superando obstáculos y gozando triunfos, en el boceto constante, en el intento incesante. Darío, entre palabras, proyectaba la utopía de vivir de tus sueños, tal como se había escuchado en la antesala, esa misma noche “Invéntate un trabajo, no seas esclavo”. Y allí estaban ellos, mostrándonos la posibilidad hecha certeza del arte como trabajo autogestivo.

Pero también conocimos otra fortaleza del arrabal, en el sureño conurbano, fronteras de la capital. Este lugar se llama “Santos Remedios” y vino a dar color a la nostálgica comunidad. Posado en las calles de un barrio que parecía acontentarse con el recuerdo del mate en la vereda. Donde la única sonrisa ante tan sombría imagen la regalaba el grito de la murga que llegaba de la plaza. Cerca de esa plaza, ahora, encontramos un lugar repleto de lucecitas y colores. De mesas grandes, para compartir. Todo, efecto del trabajo de cuatro amigos, entre los que se encuentra Carolina, que nos comentaba que se conocieron trabajando y coincidieron en que no querían hacerlo ya, para otro, sino que querían ofrecer su fuerza de trabajo a un proyecto propio y con su impronta. Lo proyectaron y lo construyeron, sosteniendo a cada paso el estandarte de la autogestión.

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Comenzaron, codo a codo, a levantar de los escombros de un barrio apagado, un espacio de alegría para compartir entre tantas cosas, una comida hecha por los mismos que te la acercan a la mesa. Creo no equivocarme al decir que autogestión es sinónimo de encuentro, porque azarosamente, como una planta que va echando raíces, se fueron uniendo a otras, y lo que empezó como un descontento laboral se transformó en la oportunidad para otras personas de ofrecer, por ejemplo, su cerveza artesanal o sus alfajores: Al abrir sus propias puertas, permitieron, también, que vecinos y amigos abrieran las suyas. Hoy en día “Santos Remedios” resulta espacialmente minúsculo para dar bienvenida a todos los seres que llegan, no sólo del propio barrio sino de cualquier otro, cercano y lejano. Y mientras se multiplica la amistad, la colaboración y la compañía, con lo alcanzado, han abierto “El barrio cultural”, un espacio mucho más amplio donde hoy se dictan talleres, se realizan ferias de autogestión, se ofrecen fiestas, peñas y conciertos para todo el que quiera acercarse.

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Estas historias me hacen pensar en cuántos de nosotros nos resignamos a vivir ritmos que nos agobian, a un empleo que nos esclaviza o que simplemente no nos trae felicidad. En un mundo que nos tiene inmersos en jerarquías y sublevaciones, que nos conforma con un salario, casi siempre insuficiente. Y allí estamos, sumergidos en la sumisión, buscando instantes de libertad y gozo. A veces, encontrándolos. Pero, permítame decirle, paciente lector, que todos tenemos una luz delante de nuestros ojos, que nos invita a perseguirla, que, con voluntad, trabajo y amor, podemos alcanzarla y así iluminar tantas otras oscuridades. Esa luz son tus sueños y vos podés hacerlos realidad. ¿Te animás?

Para saber más sobre estas historias:

/teatro.kabeza

/SantosRemediosEscalada

/ElBarrioCultural

Soy una persona dedicada a las letras porque las veo como una herramienta de transformación y aprendizaje. Intentaré, por este medio, ayudarlos a descubrir esos pequeños universos aún poco conocidos.

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