Para cosechar, primero hay que sembrar

Escrito por Natalia Eluchans

 

La vida es bella, podemos vivir rodeados de los afectos de amigos, el amor de nuestros hijos. Sentirnos plenos con lo que hacemos, disfrutando de cada momento.

Planificar a futuro, proyectar siempre algún desafío nuevo que nos motive a cada paso. Fortalecer el espíritu con la armonía de nuestros movimientos físicos y mentales.

Seres humanos al fin.

Decidir qué hacer y cómo conseguirlo, parece fácil, pero a la hora de poner a prueba nuestro ingenio, nos quedamos cortos con las ideas y desistimos de cualquier cambio que sea necesario para estar mejor.

El ser humano es inestable por naturaleza, como así también, insatisfecho, cómodo y emocionalmente movedizo.

Lo primero que ve una persona cuando tiene frente a sí a alguien feliz y conforme consigo mismo, es cómo la suerte llama a algunos y a otros ni siquiera les da la posibilidad de progresar en el empleo.

Nunca nadie se detiene a pensar en qué cosas a vivido, sufrido, superado ese alguien, ni cuánto le ha costado lograr estar en ese equilibrio de bienestar.

Siempre se piensa en la suerte como una varita mágica que toca al azar.

La vedad es que, cada quién, es artífice de su propia vida. Cada decisión, cada paso que damos, es la prueba elocuente de lo que pretendemos ser y alcanzar.

No se trata de transformar calabazas en carrozas por arte de magia, se trata de transformarse uno mismo en aquello que desea ser.

Quién desee ser amado, deberá dar el primer paso, exteriorizando su propio amor hacia él mismo y el resto de los humanos, mascotas, árboles, plantas, todos y cada ser viviente que lo rodea.

Establecer acciones de empatía, tolerancia, respeto y afecto en cada situación que nos toque presenciar y/o protagonizar.

Sin ser capaces de dar, nunca seremos capaces de sentir.

El amor, no es un libro de magia blanca, negra, ni nada que se le parezca. Amar no es difícil ni complicado, solo debemos ser nosotros mismos, permitiendo que afloren nuestros sentimientos hacia los demás.

SEMBRAR

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La práctica del amor, cualquiera sea su destino, ya sea a un amigo, hermano, padres, hijos, gato, perro, una planta, un ave, un lagarto, es lo que libera el encierro de la insatisfacción, y acumula una sensación de extremo placer desde el principio al fin de cada día.

Cuando amamos, sembramos en cada momento una semilla de eternidad, la que nos hace únicos e imprescindibles para quienes ofrecemos ese amor.

Ya sea en una acción demostrativa, una palabra de aliento, un pensamiento de buenas vibras, un silencio, un entendimiento.

Formamos un vínculo firme e indestructible.

Esa práctica del amor, nos hace sentir felices y plenos con nosotros mismos, y cuando alguien nos ve a simple vista, puede parece que nunca hemos sufrido ni pasado por ninguna situación de adversidad o sufrimiento.

Quien logra formar un núcleo de amor a su alrededor, se fortalece de él en cualquier circunstancia que le toque afrontar.

No es un pase mágico, es simplemente dejar fluir los buenos sentimientos que llevamos dentro.

Partiendo de la base del amor, cada movimiento es fructífero.

El trabajo, los amigos, proyectos, pareja, formar una familia, avanzar y lograr metas específicas. Cada cosa que nos propongamos puede ser posible, y si no lo es, nos deja un aprendizaje para aplicar en un nuevo intento.

COSECHAR

Familia. Ese amor con que vamos llenando nuestro espacio, se vuelve un todo a la hora de sentir lo que hemos hecho de nuestro tiempo aquí.

La compañía de quienes amamos, de quienes hemos educado basados en ese sentimiento sublime, nos devuelve con bienestar absoluto cada día, hora, momento que hemos destinado a estar con ellos a fin de volcar nuestros valores en nuestros hijos, para hacer de ellos seres humanos que amen y defiendan ese amor.

El trabajo. Cada día que nos hemos esforzado para aprender y educarnos en aquellas cosas que creímos hacer, que no sabíamos si nos iba a resultar o no, pero que de todas maneras continuamos en el camino de la convicción, nos da el resultado positivo a la hora de levantar la copa de la victoria.

Sin importar el nivel económico, lo que hayamos conseguido, es un éxito particular y un galardón personal. Cada uno siente dentro la necesidad cubierta de su propia existencia. O no, dependerá de lo que cada uno siembre en el camino de su propia vida.

Sembrar para cosechar, dar, con el propósito fiel de recibir la gratitud de sentirse bien con lo que somos y poseemos.

No importa la cantidad, sino, lo que nos haga felices a cada uno de nosotros.

El amor, es la semilla que nos alimenta en cada crisis.

Originaria de Parque Leloir, provincia de Buenos Aires, actualmente capital federal. Escritora aficionada y artesana, madre, abuela. Amante de los animales, en especial los gatos. En etapa activa de realización de mi primer libro de poemas en prosa.

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