Dejar ir las pequeñas cosas

Escrito por Mariana Basualdo

Cuando dejamos de preocuparnos
por cuestiones sin importancia,
podemos dedicarnos mucho más
a lo verdaderamente importante.

Experimentamos numerosas desilusiones todos los días. Nuestras expectativas no se cumplen, nuestros planes están bloqueados por las circunstancias, nuestros deseos no se concretan y descubrimos que nuestras vidas están sujetas a una infinidad de fuerzas más allá de nuestro control consciente. En algunos casos, nuestra respuesta es poderosa, porque logramos poner en marcha nuestros recursos para superar dificultades. En otros, nuestras reacciones son mucho más apasionadas (o impulsivas) de lo que deberían. La tensión que se impregna nuestro cuerpo y nuestra mente cuando llegamos tarde a un evento, interrumpimos en el trabajo o no podemos avanzar por el tráfico no es inapropiado, pero puede interferir con nuestro bienestar de manera profunda. Cuando dejamos de preocuparnos por cuestiones relativamente sin importancia, podemos estar en paz y dedicarnos mucho más a nosotros mismos, a lo que es verdaderamente importante.

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Las pequeñas frustraciones ejercen ese poder sobre nosotros porque nos roban la ilusión de control. Pero cada problema es un maestro potencial: una situación confusa es una oportunidad para practicar la atención plena, y las personas difíciles nos brindan oportunidades para mostrar compasión. Existe una tendencia humana natural a invertir cantidades copiosas de energía emocional en dilemas y frustraciones menores para evitar confrontar aquellos asuntos más complejos que están fuera del dominio de nuestro control. La intensidad de nuestra respuesta nos proporciona un sentido temporal de poder personal que nos ayuda a enfrentar los desafíos que de otro modo nos abrumarían. Pero es solo cuando dejamos que las pequeñas cosas salgan, que descubrimos que las cosas grandes en realidad no son tan devastadoras después de todo.
Diferenciar entre una molestia intrascendente y un desafío legítimo puede parecer una tarea monumental. Pregúntese si las emociones que siente serán tan vividas en un año, un día o incluso una hora. No podemos distanciarnos de las inconsistencias, irritaciones y trastornos de la vida, pero podemos renunciar a nuestro deseo de un orden perfecto y obtener tranquilidad en el proceso.

Soy Maru, Lic. en Letras de la UBA, editora y mamá de dos mellis maravillosos: Sophie y Milton. Además de ser una apasionada de los libros, soy amante de la costura, el Jazz, el buen cine y la comida mexicana. Espero que tengamos lindos intercambios.

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