Un día en la vida de Franco (Parte 1)

Franco Stanley tiene 29 años, aunque a simple vista pareciera tener menos. Es un hombre alto de ojos oscuros, cabello castaño corto, complexión delgada, peinado habitualmente con gel y raya al costado. Un rasgo que lo caracterizaba era su llamativa voz gruesa.

Siempre fue una persona muy solitaria. Los cuatro vecinos del edificio donde vive apenas lo conocen de vista y rara vez intercambiaron alguna palabra. A todos les llamaba la atención su actitud introvertida, pero nadie se animaba a indagar más de su vida. Lo veían salir de su departamento a horas muy tempranas (a esos de las 6 de la madrugada) y, por lo que oían de vez en cuando, su gran hobbie es escuchar tango, aunque nunca se animó a cantarlo.

Por otro lado, se oye a un gato que convive con él desde hace diez años cuando se mudó a ese edificio. Nadie entra ni sale de su departamento a excepción de él, aunque si se lo ha visto en varias oportunidades al lado de una mujer, quien lo acompaña hasta la puerta del hall de entrada.

Esto es todo lo que sus vecinos conocen de Franco.

Él es periodista. Sus padres murieron cuando tenía nueve años y fue criado por su abuela. Cuando a los 19 años su abuela falleció decidió vender la casa donde vivían y se mudó, junto a su gato por aquel entonces recién nacido, a un pequeño departamento en el que vive ahora. Allí terminó sus estudios mientras trabajaba en la producción de una pequeña radio barrial.

Más adelante comenzó a trabajar en un diario local, en el cual se desempeña actualmente.

Él no tiene amigos. Apenas se vincula con sus compañeros de trabajo y tiene una relación sentimental importante con una señorita de su misma edad. Es una chica muy delgada, cabello rubio largo hasta la cintura y su estatura apenas supera el metro sesenta.

Franco es un hombre con un claro perfil obsesivo compulsivo.

Por cuestiones vinculadas a sus obsesiones su relación amorosa se ve estancada. Ha tenido reiteradas discusiones con la joven en cuestión. Sin embargo, ella ha aceptado respetar ese ritmo de vida. Tras siete meses de noviazgo y a pesar de varios altibajos, la relación parece seguir en pie. Todo me hace suponer que el hecho que nunca la haya dejado entrar a su departamento se vincula a algún tipo de obsesión.

Hablar de Franco es difícil. Su propia personalidad lo llevan a una gran dificultad para mantener relaciones. Saber esto es un punto de partida para entender ciertos comportamientos que tiene y que a continuación trataré de explicar lo más detalladamente posible.

Entra a trabajar a las 7.30 de la mañana. A pesar de vivir a tres cuadras del diario en que actualmente se desempeña se despierta a las 5, quince minutos antes que suenen sus tres despertadores. Esto le da poco más de dos horas para llevar a cabo un conjunto de prácticas que realiza a diario.

Primero, tras levantarse, se ducha utilizando una de las dos toallas que tiene asignada para cada día de la semana (la otra la usa por la noche para su segundo baño diario). Tras esto se lava las manos en dos oportunidades con jabón de glicerina. En el primer lavado puntualiza limpiar la parte posterior e inferior de las manos. Luego se seca y vuelve a lavarse focalizando la limpieza de las uñas y hasta la mitad del antebrazo.

Tras esto, se viste con la ropa que habitualmente usa para el trabajo. Lleva su camisa blanca, corbata azul, pantalón de vestir negro, zapatos visiblemente caros y en algunas oportunidades lleva saco. Lo llamativo de todo esto no es el traje que lleva (que pareciera habitual para cualquier empleado que trabaje en alguna empresa u oficina), sino que tiene seis trajes iguales (incluyendo el color del mismo) para cada día de la semana en que debe ir al diario. Lo único que repite en ciertas oportunidades son los zapatos. Luego cada día lleva un traje distinto, aunque de igual apariencia.

Tras vestirse alimenta al gato y le cambia el agua. Luego vuelve a lavarse las manos (solo en una oportunidad) y finalmente se prepara un café.

Aún le queda poco más de una hora para salir al trabajo, tiempo suficiente para planchar las camisas y pantalones a utilizar los tres días posteriores. No significa que su ropa esté arrugada, pero él cree necesario plancharlas a diario. Finalmente, utiliza la última media hora para releer algunos de los diarios que colecciona, principalmente algunas notas sobre medio ambiente, salud e higiene.

Antes de partir, vuelve a lavarse las manos, esta vez repitiendo los dos lavados posteriores a la ducha.

Luego vuelve a cambiarle el agua al gato, chequea que esté cerrada la llave de gas, toma las llaves y sale del departamento. Cierra las tres cerraduras de su puerta en dos oportunidades y baja las escaleras para comenzar su jornada laboral.

Esto se repite cada mañana en la vida de Franco.

 

Licenciado en Comunicación Social. Egresado de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. Me especialicé en periodismo gráfico.

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