El miedo es necesario

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Escrito por Natalia Eluchans

Sin ser apología de la destrucción, en tiempos de vacíos y miserias tan expuestas que asustan, desestabilizan, desmoronan pueblos enteros.

Sin especular ni desestimar ninguna propuesta ajena a mi pensar, a mi sentir, a mi propia forma de ver el mundo.

Con el anhelo de acercar una visión distinta a todo lo hecho y dicho sobre el miedo y sus alcances extraordinarios; hoy buceando entre muchas ideas y tratando de seguir encontrando una frase, un dicho, un hecho concreto que me ayude a entender la vida, mi vida, el mundo y todo lo que me rodea; he comenzado a experimentar una sensación nueva, un entendimiento distinto, pero que me ha resultado conmovedor y altamente gratificante.

El miedo: tan temido, tan enorme, tan fantasmagórico recorriendo las calles, las casas, los pasillos.. las almas.

El miedo. Un punto que define un final, un antes y un después de su paso por nuestras vidas.

¿Es el miedo acaso un demonio de siete cabezas que viene a destruir, paralizar y desmenuzar las esperanzas de sus opresores?

¿Es el miedo un obstáculo para ser feliz, o es él quién se convierte en nuestra víctima cuándo lo utilizamos de manera despiadada para no hacer, lo que sabemos que no podemos hacer porque no somos capaces?

El miedo: desde pequeños nos han metido en la cabeza la idea de que el miedo es malo. Pero…. Nos han manifestado su poderío cuando nos hemos rebelado ante algún maltrato innecesario, una opinión diferente o una forma de ser o sentir, diferente al resto.

Recordemos que, cuando niños, nos dicen que hagamos esto o aquello, que debemos ser los mejores y que no tengamos miedo de fallar, cuando en verdad, nuestros padres utilizan el miedo a su favor, para convencernos de hacer aquellas cosas que ellos mismos no han podido lograr.

Ejemplo: un padre le dice a su polluelo que juegue al fútbol, que él es como Maradona, que será el mejor. El niño no quiere, no le gusta, no se siente cómodo pateando la pelota. El padre siempre quiso dedicarse al fútbol, lo ama, es su deporte favorito, jugaba en la reserva de un club importante cuando adolescente. Pero sus padres lo desestimaron y lo indujeron al estudio, a una carrera estable y con salida laboral exitosa.

Ahora este padre ve en su hijo la oportunidad de hacer realidad su sueño.

Y lo obliga a patear la pelota, pero el niño quiere ser chef….

Ahí viene la carga del miedo a favor del padre, la utilización del miedo al revés. Primero decir que no tenga miedo, que no le tema al juego, que todo va a salir bien. Pero si falla… el miedo aplacará su rebeldía.

Chef es de maricones, vos sos un hombrecito, los hombres juegan al fútbol.

El fútbol es un deporte de fuerza, destreza, garra. El fútbol es de hombre.

¿Qué va a decir tu abuelo, tus amigos, tus compañeritos de colegio?

Se van a reír de ti. Nadie te va a tomar en serio si estudias para ser chef.

Imagina hijo: los chef no ganan mucho dinero, no vas a poder sostenerte solo. Mamá y papá van a envejecer, y ¿qué será de ti cuándo te quedes solo y sin nada?

El miedo impuesto para paralizar.

El miedo es el arma principal que utilizan las personas manipuladoras.

Primero se garantizan un lugar en la vida de su víctima, luego crean una necesidad, que sólo ellos pueden satisfacer.

Finalmente instalan el miedo a la pérdida, al vacío de una necesidad imposible de suplirse por alguien más.

El miedo es un enemigo, si se lo utiliza en contra de los valores y derechos humanos esenciales.

Pero bien, ¿qué es la vida sin miedo? ¿Es bueno no tener miedo a nada?

Ejemplo: cuando niños no tenemos miedo a morir, pues carecemos del razonamiento de la muerte. Creemos que nada malo va a pasar. Cruzamos sin ver, nos tiramos desde trampolines altos, subimos a la montaña rusa y nada nos parece una amenaza.

A medida que vamos creciendo, la idea de la muerte se instala como idea principal del miedo.

Al crecer, tomamos conciencia, cosa que siendo niños no sucede.

La conciencia de nuestra propia existencia, espacio y tiempo que debemos administrar con sabiduría, pues siempre es muy poco.

Y allí, surge un nuevo miedo, quizá el más contundente de todos: el miedo a nosotros mismos.

Miedo a no poder, a fallarnos, a no estar a la altura de lo que nos han impuesto que debemos cumplir como objetivo para ser verdaderos ganadores.

Y tomamos aquél método que implementaron cuando niños, utilizamos el miedo al revés.

Ponemos excusas, por los niños, el momento económico del país, la edad, que siempre es mejor optar por lo seguro.

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El miedo a perder, es el motor que impulsa a provocar el cambio.

El miedo a quedarse en el mismo sitio hasta morir, y no haber vivido lo que deseábamos, es el que nos arranca de la monotonía y nos pone a prueba.

El miedo a perder lo que amamos, es lo que nos hace fuertes en la adversidad, nos hace héroes es las batallas.

El miedo al encierro, a la esclavitud, es lo que nos moviliza a búsqueda constante de la libertad emocional, espiritual, física y mental.

El miedo no es enemigo, el miedo, en ciertas ocasiones, es necesario para despabilarnos y acceder a lo que tanto necesita nuestra alma.

El miedo medido, visualizado con respeto y razonamiento.

El miedo a perder no te hace ganar, te hace aprovechar tu fe interna al máximo, sabiendo que si sale mal, de todas maneras lo habrás intentado.

El miedo ayuda a exponer lo mejor de ti mismo.

Te hace entero, te va alimentando de tu propia esencia, hasta alejarse y ponerte al frente de cualquier dificultad, sin titubeos ni excusas absurdas.

El miedo bien aprovechado, te hace ser tu mismo, y de allí, vas echando de tu vida los miedos externos, los que no suman y te quieren atemorizar.

El miedo no es temor, el temor solo es un lastre que agregamos, o dejamos agregar por otros, ante un posible peligro.

Hoy, no te des por vencido y dale al miedo la oportunidad de maravillarte con su impulso hacia el exterior de todos los temores.

Hoy se puede, hoy podemos.

 

Originaria de Parque Leloir, provincia de Buenos Aires, actualmente capital federal. Escritora aficionada y artesana, madre, abuela. Amante de los animales, en especial los gatos. En etapa activa de realización de mi primer libro de poemas en prosa.

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