El no y el no

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Escrito por Natalia Eluchans

Probablemente no sepamos el verdadero significado de las palabras y por eso le tememos a alguna de ella.

Creemos que si las decimos varias veces, se nos vendrá encima una maldición milenaria y quedaremos a la deriva, solos, pobres y malditos por siempre.

Es cierto que las palabras tienen peso propio, que al exteriorizarlas les damos un poder sublime, que pueden ser las culpables de nuestro bloqueo emocional, ya que de tanto reproducirlas se hacen parte de cada cosa que hacemos.

Lo cierto es que, aunque no las digamos, si estamos en estado negativo las pensamos y suelen pesarnos fuertemente en todo el cuerpo.

Una de ellas es NO.

Pero hay dos clases no, el no negativo y el no positivo.

La diferencia es fácil de distinguir, pero no para todos.

Si podemos alejarnos lo suficiente de la situación o persona que nos impulsa a decir esta palabra mágica, veremos que beneficioso nos puede resultar expresarla con total soltura.

Hay ocasiones en las que uno puede sentirse desbordado, ya sea por el trabajo, la familia, la economía, uno mismo o la sumativa de todo eso y más también.

La falta de iniciativa, los proyectos que no se cumplen, el reloj de la edad que nos persigue y nos dice que ya no tenemos tanto tiempo para hacer aquello que soñamos…

Lo cierto es que, llega un momento que no nos aguantamos ni a nosotros mismos. A pesar de esto, tratamos de llevar una vida ordenada y dejar nuestros problemas fuera del alcance de parejas, hijos, amigos, compañeros de trabajo. A veces es simple, a veces se nos va la salud en el intento.

Y en este punto paramos para reflexionar sobre si debemos ser complacientes con todo y todos, o atrevernos a negar algunas pautas impuestas por los demás, en especial, aquellas personas o circunstancias que acarrean éstas, nos hacen sobrepasar nuestras fuerzas y caer en depresiones intensas.

Un no a tiempo, puede salvar tu vida.

Pensemos entonces, si cada situación que atravesamos, es necesaria para nuestra paz interna. Si podemos negarnos a cumplir alguna tarea que nos piden hacer y no nos hace bien. Por ejemplo, ir de vacaciones a la playa, cuando en verdad lo que más anhelamos es estar solos en una caballa cerca de las montañas y el río.

No saber, o no poder negarnos a satisfacer los deseos externos, nos puede matar lentamente las emociones, y estallar en alguna enfermedad como una arritmia, cefaleas constantes, dolores biliares, fatiga crónica, problemas en las cervicales, dolores frecuentes en la espalda ( a causa del peso de los problemas sin resolver), gastritis crónica, problemas relacionados con la digestión, colon irritable, ataques de pánico, cambios de humor repentinos, depresiones severas y críticas.

En casos más graves, enfermedades coronarias irreversibles.

No es tan fácil decir que no, más aún, si se ha estado conviviendo con malas normativas familiares, laborales y de pareja.

La idea es comenzar de a poco, priorizando las necesidades personales, buscando alternativas a lo que va aconteciendo.

Un no negativo, sería no abrirse a un cambio; ya sea personal: como ser un nuevo corte de cabello, un nuevo empleo, complacerse con un regalo de vez en cuando.

Un no positivo, es poder decidir sobre una situación que nos duele o nos hace sentir infelices, como ser: dejar de ir los domingos a la casa de la tía Berta, no ceder nuestras horas de ocio para hacer lo que nuestra pareja ya ha planeado sin nuestro consentimiento, sólo por citar un ejemplo.

Cada vez que callamos y no defendemos nuestra postura ante la invasión de los que pretenden dirigirnos, estamos perdiendo terreno en la iniciativa interna. Nos volvemos marionetas de los demás y no logramos salir de esa telaraña de confusión emocional.

No significa que debemos pelear o discutir, mucho menos, decir siempre que no a todo lo que nos proponen los demás, pero cuando las circunstancias son demasiado aburridas, dolorosas o frustrantes, debemos dejar de lado esas propuestas y tratar de alejarnos de lo que no nos llene el alma.

Podemos ceder de vez en cuando, porque en las convivencias, lo mejor es poner nuestra mejor voluntad para entendernos y vivir en armonía.

Pero no sobrepasarnos de bondad, pues siempre debemos dejar en claro, qué nos gusta y qué no.

La felicidad, es el resultado de un momento de extrema alegría, mucha paz interior y una buena dosis de compromiso con los otros.

Quien nos ama de verdad, no nos hará padecer momentos angustiosos.

Y si amamos, podremos pasar algún que otro día siendo complacientes con lo que no nos gusta hacer.

Nadie muere por decir que si algunas cuantas veces.

Pero podemos poner en riesgo nuestra salud física y mental, si no logramos decir de vez en cuando un NO rotundo…

Originaria de Parque Leloir, provincia de Buenos Aires, actualmente capital federal. Escritora aficionada y artesana, madre, abuela. Amante de los animales, en especial los gatos. En etapa activa de realización de mi primer libro de poemas en prosa.

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