El fantasma de las fiestas

Escrito por Natalia Eluchans

El año ha sido largo, pesado, desafiante para varios de nosotros.

Llegando diciembre el mundo colapsa. Pareciera que todo se define en cuatro días, que no habrá nada más luego de esas fechas y todo se resume a gastar dinero, compras compulsivas, lamentos por no lograr los mejores regalos.

Definir la cena, los invitados, ponerse de acuerdo en todo eso.

Las familias se dividen, pues si los niños han crecido, ya marcharán solos donde les plazca y estaremos más solos cada año, entendiendo que algunos familiares tampoco estarán porque han fallecido o se encuentran lejos nuestro.

El dolor y el sufrimiento parecen ser los más beneficiados el 24, 25, 31 de diciembre y primero de enero.

El mundo olvida el motivo por el cual en estas fechas, todos se proponen festejar.

Y es por eso que se lamentan por quienes ya no están, se sienten más pobres por no tener una copa de champagne para brindar o por no poder comprar regalos caros y una cena de lujo.

Si bien el 31 es una fiesta popular, que carece de significado espiritual, la navidad es todo lo contrario.

Para quienes son religiosos, debería ser una fiesta de reflexión y entrega.

Si lo que se celebra es el nacimiento de Jesús (hijo del Dios del cielo para aquellos que creen en él) ¿por qué se debería consumir a destajo, cuando el mismo Jesús fue enviado al mundo en el más humilde de los hogares?

El mensaje original de paz, amor, compartir con los que amamos lo que poseemos, se ha desvirtuado a un carnaval competitivo que moviliza a las masas a gastar y gastar.

Desde la vestimenta, hasta el pan dulce y la sidra, todos se desviven por comprar y gastar dinero, cuando en verdad, deberían sentarse a pensar y ver qué cosas hacemos para estar lo más cerca posible del mandato de Dios.

Para aquellos que sufren de soledad, estas fechas son un verdadero estímulo depresivo. Y para quienes somos anticonsumismo, son un dolor de cabeza constante, puesto que se torna casi imposible transitar por las calles, ya que éstas, se encuentran repletas de personas en búsqueda de productos para el consumo masivo.

Y ni hablar de los comercios, porque si en épocas “normales” ya es todo un desafío ir al súper por nuestras compras diarias, en este mes, debemos practicar control mental para poder digerirlo.

La idea del festejo de las fiestas, sería algo así, como estar en estado de oración y comunión espiritual, lo que dure el nacimiento del niño Jesús. Y compartir con nuestra familia o nosotros mismos, el hecho de estar aquí, de la oportunidad de un nuevo año, de poder entender y aceptar lo malo que nos haya pasado y agradecer todo lo que somos.

La espiritualidad no se manifiesta solo en un día, ni en dos. Debe ser el motor que nos impulsa para ser mejores cada vez, y sumar a ello nuevas almas que quieran sentirse bien consigo mismas.

Este 24 de diciembre, a las 00hs, al alzar sus copas y brindar, pregúntense si lo que han hecho todo este año, es aquello que debían hacer.

Si aman, si abrazan, si besan, si ayudan, si agradecen, si se mueven por convicción o por dinero.

Reflexionen si es necesario gastar el dinero que deberán pagar todo el año siguiente…. Mientras que sus vidas se van consumiendo junto con el plástico de sus tarjetas….

Un beso, un abrazo, un perdón, una palabra de aliento, una tolerancia más, son el regalo perfecto que todos necesitamos para ser felices y vivir en armonía con el alrededor….

Sean felices, no un día o dos… SIEMPRE!!!

Originaria de Parque Leloir, provincia de Buenos Aires, actualmente capital federal. Escritora aficionada y artesana, madre, abuela. Amante de los animales, en especial los gatos. En etapa activa de realización de mi primer libro de poemas en prosa.

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