El fracaso como un nuevo comienzo

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Escrito por Natalia Eluchans

Desde que nacemos estamos expuestos a funcionar al cien por ciento, a darlo todo, a cumplir con las metas que nuestros padres no pudieron lograr.

Nacemos con expectativas impuestas por nuestros progenitores, que a su vez, han llegado a este mundo con expectativas impuestas por nuestros abuelos.

Lo cierto es, que nacemos con una carga bastante pesada como para hacernos cargo a tan temprana edad.

Ni bien salimos del útero materno, ya comienza a girar la rueda de entusiasmo externo que involucra nuestra capacidad emocional máxima.

Debemos parecernos a papá o mamá, comer, pararnos, sentarnos, dormir, gatear, aprender a tomar del vaso, dejar los pañales, ir al baño, aprender a escribir nuestro nombre. Ser el mejor hijo, el mejor alumno, el mejor amigo: Resaltar.

No se nos permite errar, ni elegir.

Estamos preparados para triunfar y ser exitosos, para formar una familia y ser ganadores.

Pero la realidad supera la ficción.

Somos humanos, que venimos a esta tierra con un propósito, y lo vamos dejando de lado, a medida que las exigencias exteriores crecen a velocidad de un rayo.

Nos vamos olvidando de nosotros mismos y nos hacemos una copia fiel, de cada una de las personas que nos rodean.

Estudiamos, trabajamos, logramos ser alguien socialmente, pero no somos nada, estamos vacíos, pues hemos renunciado a ser quiénes éramos en un principio, para ser uno más del montón de huesos crujientes de un universo cruel y superficial.

Triunfamos, y al acercarnos a ese triunfo irreal, fracasamos como seres humanos reales.

Sé bien, que a esta altura del relato, muchos ya estarán dudando de su propia existencia, muchos otros estarán negando estos dichos y muchos más, borrarán esta página de sus recuerdos.

Pero sepan, que no se puede vivir en un engaño emocional, porque quién sufre es uno mismo.

Fracasar, esa palabra tan dura, tan poco estética, tan difícil de pronunciar para muchos….

Fracasar en lo que no queremos ser, es el comienzo para marchar en la búsqueda de lo que nuestro corazón ambiciona.

El éxito no es ganar dinero, ni salir en tapas de diarios y revistas.

El éxito es vivir en plenitud.

Sentirse bien con todo, superar las trabas que imponen otros. Esforzarse y aprender de cada error. Superarse, insistir una y mil veces, no dejarse caer y si se cae, levantarse y continuar.

El dolor, la angustia, el fracaso al fracaso es el éxito real.

Luego de una largo y doloroso fracaso, el darse cuenta que hemos estado yendo en dirección contraria a nuestro objetivo primordial, ese es el comienzo del éxito rotundo.

La palabra fracaso, no es no poseer aptitudes para aquello que emprendimos y salió mal; fracasar, es solo un intento fallido en algo que no salió en ese momento, quizá porque no era el tiempo o porque ese que quisimos hacer, no es para nosotros.

La mejor manera de ser exitosos, es amigarse con el fracaso. Entender las razones de ese éxito pausado y revisarse minuciosamente, palmo a palmo por dentro, hasta descubrir quiénes somos y qué esperamos de nosotros mismos.

Todo fracaso, trae aparejado un éxito interno, de descubrirse intensamente y entender qué nos lleva a estancarnos en nuestra vida.

Hoy, es un maravilloso día, ideal para reflexionar sobre nuestros pasos acumulados, los que queremos dar mañana y redescubrirnos en un ahora lleno de nuestra existencia.

Hoy, mañana, o cuando tu angustia no te permita continuar, ese será el momento de parar y comenzar un nuevo ciclo.

Date el gusto de fracasar en lo que no te gusta hacer, hasta descubrir de qué estás hecho y para qué sos bueno en verdad!!

Originaria de Parque Leloir, provincia de Buenos Aires, actualmente capital federal. Escritora aficionada y artesana, madre, abuela. Amante de los animales, en especial los gatos. En etapa activa de realización de mi primer libro de poemas en prosa.

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