La percepción del espacio

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Escrito por Natalia Eluchans

Indudablemente estamos sumergidos en nuestra propia idea de existencia, en nuestro plano único e indiscutible de presencia física y mental.

Será que no tenemos en cuenta que no estamos solos, aunque estemos solos…

La idea de comunicación nos es un tanto confusa, pues nunca nos entregamos del todo a otros, ni contamos todo lo que nos pasa, ni tampoco prestamos atención a lo que nos cuentan, sienten los demás.

Esa extraña forma de interactuar, nos hace perder la percepción del espacio propio y ajeno.

No determinando así, límites entre lo que nos pertenece y lo que no.

El ser humano moderno debe lidiar con varias responsabilidades y situaciones que escapan de sus manos, por ser más de las que puede solucionar y llevar a cabo.

Ante la simulación constante de emociones, propia de personas que no se conocen internamente, es difícil establecer un contacto real, genuino, honesto y pleno. Siendo así, relacionarse con un par, un desafío constante y difícil de pasar con éxito.

¿Qué es la percepción del espacio entonces?

Es el mecanismo adecuado que deberían establecer los seres humanos para lograr vivir en sociedad, sin necesidad de estar encima unos de otros, respetando culturas, ideas, formas de hacer, decir y pensar.

Pero va más allá de esto también. La percepción del espacio físico es, sin dudas, el menos utilizado por los terrícolas actuales.

La vida de esta manera se torna difícil de manejar, no permitiendo a cada ser, el uso de su espacio personal. Los transportes públicos, los espacios públicos, incluso, el pretender estar en nuestra propia casa en silencio, se hace caótico.

Las grandes ciudades son el reflejo de estas situaciones cotidianas, dejando a miles de personas en estado de estrés y desespero.

Ya sea ir al súper, salir a caminar, tratar de disfrutar de un poco de oxígeno fresco en las plazas, desde hace un tiempo, es casi imposible.

El espacio personal se ha quedado en una época pasada de moda.

El mundo gira en torno a las modas, y podemos ver con estupefacción, como las veredas de las plazas se llenan de gimnastas ansiosos por llegar al verano con el abdomen plano, las piernas y los glúteos firmes. Sin importar las molestias que le ocasionan a los transeúntes, ellos marchan con la vista firme en su objetivo, olvidándose de que, los espacios públicos son de todos.

La idea de “público” se ha tornado en contra de quienes deben de utilizarlos. Entendiendo que la sociedad maneja los intereses de todos los que estén de acurdo o no, si un grupo bastante numeroso decide llevarse todo y a todos por delante, lo hará sin que los menos puedan siquiera quejarse.

Pero no se detiene aquí el problema, porque cuando estas personas quieren relacionarse íntimamente, hacen lo mismo. Ahogan a sus parejas, desestiman su punto de vista, minimizan sus quejas y se apropian de todo lo que no les corresponde.

Percibir las necesidades de alguien más, es entender que cada quién precisa situaciones, vivencias y tiempos diferentes a los nuestros. Poniendo por sobre nuestros intereses el sentimiento de ese otro alguien, se logra una convivencia más amena para todos.

La percepción, no es más que el respeto de nuestro propio ser, visualizado en quienes tenemos enfrente.

Los límites son la base de una sociedad bien entendida. Nadie debería estacionarse en las rampas destinadas para discapacitados, ni conducir a altas velocidades en la ciudad, ni permitir que su perro ensucie de excremento la vereda del vecino, ni poner música a alto volumen en horas de descanso, ni pararse en grupo en medio de las veredas y no permitir el paso, ni colarse en las filas del banco, ni toser y escupir encima de los demás, ni….. ni nada que lleve a otro ser a sentirse invadido por un proceder erróneo y egoísta.

Quizá algún día, en un tiempo nuevo, se pueda vislumbrar un cambio radical en la conducta del ser humano… quizá, ya no esté aquí para verlo… o quizá si…. La esperanza siempre estará conmigo.

Ustedes que opinan??

Originaria de Parque Leloir, provincia de Buenos Aires, actualmente capital federal. Escritora aficionada y artesana, madre, abuela. Amante de los animales, en especial los gatos. En etapa activa de realización de mi primer libro de poemas en prosa.

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