De la pérdida al amor y así sucesivamente

Escrito por Gladys Benaim

Entre ganar y perder hay un abismo de sensaciones. Y entre ganar y perder a veces, hay solo un segundo.

Podes perder el paraguas, la billetera, un saco, una birome. Seguramente, eso traerá consecuencias, pero intuyo ninguna será de alto impacto en la vida. Finalmente eso, podrá ser prescindible. También podemos perder el colectivo, un concierto, un partido. Y a todo caso estaremos privados de ese acontecimiento. Pero también podrá ser algo prescindible.

¿Qué pasa cuando las pérdidas son de otro tipo? Cuando algo valioso afectivamente se pierde en el presente. ¿Cuándo se trata de perder un trabajo, un amor, la confianza, o el humor? C:\Users\Gladis\Documents\Gladys\7ATTITUDES\IMAGENES\5024238-Ilustraci-n-vectorial-de-fondo-azul-resumen-de-las-l-neas-curvas-de-colores-Foto-de-archivo.jpg

Entonces estamos hablando de situaciones que nos generan otras emociones, otros impactos hoy y a futuro.

Vivimos en un tiempo donde constantemente se suceden desencuentros o pérdidas, que nos ponen en una emotividad de alto voltaje. ¿Por qué? Porque nos sacuden de nuestra linealidad sensible, disparando otras emociones como ira, desencanto, desilusión, tristeza, rabia, desolación, desesperación, miedo.

Cada pérdida es diferente, cada persona es única y cada momento tiene su mensaje que lo hace distinto para nosotros.

La vida está llena de sucesos naturales que marcan cambios de ciclos, cierres y despedidas que pueden vivirse como pérdidas: terminar la escuela, la universidad, concluir un proyecto, finalizar un trabajo en equipo. Pero también hay otros sucesos no predecibles como la pérdida de un amor, de un puesto, de un concurso, u otras que pueden afectar los estados de ánimo y generar angustia o vacío.

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Suelen distinguirse cinco momentos: la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación. Pero eso si los miramos de afuera. Nadie puede decir cómo o cuántos son los pasos de ese universo oscuro que se abre cuando perdemos nuestro objeto de amor. Pero lo que sí sabemos es que es justamente ese amor, el que trae hoy dolor ante la pérdida.

El dolor se manifiesta en el cuerpo con llanto, taquicardia, respiración agitada, gritos, silencios. Si o si aparece una señal que lo refleja.

El dolor irrumpe, es irreverente y transforma la completud percibida hasta ese momento en un ideal que desaparece. Ya no sos quien eras, ya nada está como estaba. El dolor es una tempestad. Un rayo que te parte y te desarma… La sensación más trasparente es la de estar partido, con una falta de algo o de alguien y es necesario darse el tiempo para que ese dolor pueda ir mutando a la serenidad y a encontrar una nueva estabilidad.

Duelo, viene de duelum, dolor. Cuando sentimos dolor por lo que ya no es, necesitamos ese tiempo para ver cómo desarrollar la propia resiliencia. Requiere de un trabajo, de una dedicación. De una recuperación. Y ante todo de una trasformación. Ya no seremos los mismos que antes.

“El mundo rompe a todos, y después, algunos son fuertes en los lugares rotos” Ernest Hemingway.

Elijo esta frase, porque creo que aporta simpleza al hecho de que es necesario reconocer que algo se rompió dentro de uno y que tomará tiempo repararse. La resiliencia es aprender a salir adelante, a recuperarse y a encontrar nuevas formas de vivir con lo ocurrido y poder crecer ante la adversidad y a pesar de ella.

“Por más cruel que sea el dolor… a vos te duele. Vos elegís hasta dónde y hasta cuándo. Vos sos mucho más que tu dolor y nunca al revés.”

En esto lo principal es encontrar frente a las circunstancias la actitud que sirva para sanar el dolor y conectarse con el propio sentido. Poder proyectarse hacia un futuro nuevo no solo desde la aceptación sino desde la transformación. Desde un compromiso con una nueva visión, se puede accionar el cambio. Crear nuevas redes de amor, de confianza y de sueños. No podemos cambiar la realidad de lo que sucede pero si podemos cambiarnos a nosotros mismos. Aceptar la pérdida y descubrir nuevas ilusiones que le den fuerza al presente y estímulo al futuro.

Entonces ¿que es la actitud? Es la manera en la que te paras frente a esta situación y cómo miras para evaluar tus próximas decisiones. Una actitud positiva tiene cinco pilares que la sostienen:

  • Emociones: registrar las sensaciones, y buscar cómo hacer aquello que pueda despertar emociones habilitantes de satisfacción, de serenidad, de sosiego.
  • Compromiso: ser consecuente con la decisión de recuperarse y soltar el dolor.
  • Relaciones: Rodearse de vínculos saludables y cálidos que te puedan acompañar
  • Sentido: el pertenecer a algo más grande que uno mismo (proyecto, grupo, etcétera) y realizar aportes que nos trasciendan
  • Confianza: sentir que uno puede proponerse metas y cumplirlas

Nadie puede garantizar la cantidad de tiempo que lleva reparar una perdida, pero en algún punto negociar con uno mismo la decisión es el punto de clivaje para accionar el cambio.

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Somos responsables de nuestros apegos y de nuestras decisiones a soltar el dolor y darle las gracias por todo lo aprendido.

Vivimos perdiendo, ganando y volviendo a perder. Pero yo elijo decir que vivimos aprendiendo. O sea a-prendiendo siempre la chispa para volver a creer: Que es posible, soy capaz y me lo merezco. Que la vida puede continuar y puedo ser feliz nuevamente.

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La construcción de fortaleza es sabiamente virtuosa hasta la próxima pérdida. O hasta el próximo amor en un espiral infinito.

 

Formación en Coordinación de Grupos con Psicodrama Psicoanalítico y Educación por el Arte. Coach Ontológico Profesional. Escritora “Mujeres que ven”. Creadora proyecto “Las Helenas”, un espacio de encuentro y aprendizaje de herramientas de coaching para mujeres. Comprometida con acompañar procesos de cambio, y trasformación para abordar la búsqueda de sentido y valores hacia logros personales para la vida.

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