Malos jefes, malos trabajos

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Escrito por Natalia Eluchans

Repetir hasta el cansancio las pautas laborales más acertadas, ha sido en épocas pasadas y en la actuales, un tema de descarte en el momento de emprender un negocio propio y hacerse cargo de las necesidades grupales y personales de los empleados, en cuanto a bienestar compartido entre jefes, u empleadores, empleados y clientes.

Veamos entonces (una vez más) que le hacemos llegar a nuestros clientes cuando no atendemos las necesidades más urgentes de quiénes deben, en todos los casos, ser la parte activa en imagen y semejanza al producto, servicio que queremos brindar.

Pasamos por largos años de decadencia laboral, sosteniendo entre hilos muy delgados y desgastados, climas laborales tensos, cargados de peleas, malos tratos, incapacidad de resolución de problemas entre pares, entre sectores, con malas pagas, explotación.

Cargas horarias imposibles de llevar a cabo, abusos de poder, manipulación de sectores más vulnerables, etc, etc, etc…

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Aunque la repetición de que, un clima laboral extenuante influye directamente sobre las ganancias de los empleadores, la realidad es que, se continúa no atendiendo este punto imprescindible a la hora de facturar y generar nueva clientela, dejando así mismo un vacío absurdo, entre el cliente y sus necesidades no resueltas.

No se trata de que, si un empleado tiene una mala paga, debe ser desatento, descortez con el cliente, sino, que cuando las cargas horarias son extensas, los jefes no cumplen con la paga en tiempo y forma, desoyen los aumentos de sueldo que, van de la mano (o deberían hacerlo) de los aumentos de servicios y precios en general, se exige más de la cuenta y no se brinda apoyo emocional, de entendimiento ante una situación particular del empleado, se generan desacuerdos entre compañeros de trabajo, abuso por parte de quienes llevan la delantera en el puesto, ya sea por la cantidad de años transitados en el lugar, o por una ubicación de excelencia junto a los jefes… discusiones y peleas relacionadas con el sector privado de los jefes, la escasez de herramientas para poder cumplir con el trabajo de manera adecuada, cuando se responsabiliza siempre al mismo sector de las fallas en el servicio, se genera una hecatombe neuronal, física, mental, imposible de superar.

El empleado, lo quiera o no, irá disminuyendo su potencial, su capacidad, sus ganas de superarse y por sobre todas las cosas, disminuirá su nivel de trabajo.

La falta de un líder de equipo, una persona capacitada para resolver situaciones cotidianas y generar ideas para sacar el mayor provecho posible a un negocio o empresa, capaz de ser el puente entre el conflicto y la solución del mismo, de buen humor siempre, contagiando calma y energía positiva, desembocará en un caos laboral.

Entonces, sin líderes, sólo personas viendo su provecho personal, sin intenciones de ampliar vínculos y proyectar modificaciones para asegurar el bienestar de todo su equipo, es lógico que los empleados trabajen a desgano, que no cumplan objetivos, que no les interese el bien común ni la cordialidad ni los lazos sociales entre pares.

Y no es, no precisamente porque no le interese, sino, por la disminución en su nivel personal producto de malas guías y escasez de oportunidades de crecimiento.

En todo trabajo, es indispensable el buen humor, el diálogo, escuchar, entender, acompañar y resolver cualquier conflicto que impida el óptimo funcionamiento del equipo.

Si un solo empleado trabaja en disconformidad, todo el equipo se verá afectado, dado que los equipos funcionan interactuando unos con otros, apoyándose y complementándose mutuamente.

Y entonces, ¿Quiénes son los responsables de generar un clima de trabajo insatisfactorio? : LOS JEFES.

Porque ellos deben proporcionar confianza y empuje, deben disciplinar siendo ejemplo de lo que se le exige al empleado.

Tienen la responsabilidad de cualquier situación no resuelta, deben hacerse cargo del mal funcionamiento en cuanto al servicio, porque son ellos los beneficiarios de los resultados de la labor diaria.

Entonces, si los jefes son abusivos, si permiten que haya peleas, malos tratos, irregularidades en las pagas, desigualdad laboral, si son generadores constantes de chismes, enfrentamientos y conflictos entre los demás sectores, el clima laboral será tóxico y será inevitable que esa toxicidad se extienda hacia el resultado de los objetivos impuestos por ellos mismos.

Convengamos que estos jefes no pueden superarse a sí mismo, y como consecuencia, tampoco permitirán la superación personal de ninguno de sus empleados. La solución a este problema sería que los jefes tengan la obligación de capacitarse en su cargo para poder dar lo mejor como tales.

Así como utilizan este método para lograr mejores resultados para sus empleados, deberían ser obligados a cumplir con este requisito para asegurar así el óptimo desempeño en sus funciones.

Si sabemos que un empleado mal formado en su función hará descender las ventas y causará conflictos innecesarios, ¿Cuánto más sucederá si, se tratase de un buen empleado en un mal clima de trabajo?

La conciencia de lo correcto está por encima de una buena o mala paga salarial.

Porque alguien que se levanta con ganas de iniciar su mañana con ganas y buen humor, será la persona indicada para desempeñarse al %100 en sus funciones laborales.

El clima laboral tóxico creado por malos jefes reduce el nivel de atención en los empleados y produce un estrés tan profundo que en varias ocasiones se llega a la necesidad de hacer tratamientos psiquiátricos extensos, con la sumatoria de tener que depender de un fármaco para poder moverse.

En definitiva, tratemos de no caer en éste tipo de trabajos, cuyo clima interferirá en nuestra vida personal.

Tratemos de aportar nuestro granito de arena, marcando la diferencia con nuestro proceder. No seamos parte de la ruleta que nos quita el sueño y nos lleva hacia el abismo.

Si no estamos conformes con lo que hacemos, si nos hace sentir incompletos y poco valorados, si nos daña en lo más profundo. Si nos modifica el funcionamiento intelectual y emocional y nos deja deprimidos y en soledad, demos un paso al costado, que cada vez seamos más y más los que elijamos la calidad a la cantidad de lo que poseemos.

Y por último, nunca nos demos por vencidos, porque el cambio está en nosotros. Somos parte de lo que queremos vivir y de la manera de hacerlo.

Originaria de Parque Leloir, provincia de Buenos Aires, actualmente capital federal. Escritora aficionada y artesana, madre, abuela. Amante de los animales, en especial los gatos. En etapa activa de realización de mi primer libro de poemas en prosa.

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