Para perder la vergüenza primero hay que encontrarla

Escrito por Gladys Benaim

¿Dónde la encuentro? ¿En algún rubor perdido en mi infancia?

¿En un error de trabajo que no supe salvar a tiempo?

¿En una palabra inadecuada para esa situación?

¿En la mirada baja frente a una acusación?

Tantos momentos de la vida pueden estar teñidos de una emoción de vergüenza.

A vos ¿Qué te hace sentir vergüenza?

Cuando la experimentas ¿Cómo te das cuenta?

La vergüenza es una emoción. Y como tal es sabia. Y es importante legitimarla, para escuchar qué nos viene a contar. Es mensajera pública de la información más secreta.

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Me acuerdo de una escena fatal. Tenía quince años. ¡¡¡Solo quince!!! (Ahora tengo 51, y todavía la sintonizo como una película de estreno…). Estaba en el aula, y la profesora de inglés me llamó al frente para desarrollar un diálogo. No sabía bien pronunciar el idioma, y sonaba muy ridículo. Pero ella lejos de liberarme, se obstinaba en que yo repitiera… “Suppose that it´s you”…y me hacía recitar de nuevo. Cada vez me sonrojaba más. Y finalmente me dio un ataque de risa por el papelón que estaba haciendo. Y entonces ocurrió lo peor, me hice pis. En el frente del aula, delante de todos mis compañeros. Salí apuradísima y con un bochorno gigante. Además de la prisa de salir de la vista, tenía que llegar al piso de abajo para realmente encontrar el baño.

Un desastre. En todos los sentidos. No sabía hablar inglés, me hacía pis encima y delante de todos. Y además tenía que volver al aula.

¡Cómo olvidarlo! Como dice la canción: Como olvidarlo…

Y entonces puedo decir con la garantía de la humildad que todos en algún momento sentimos vergüenza, que todos somos vulnerables y que aceptarlo nos hace más compasivos con nosotros y con los demás.

Querida vergüenza: Si no te quiero a vos, menos voy a quererme a mí misma.

Es que poder aceptar que la sentimos, y reconocerla como algo natural y posible nos permite querernos como somos, con aquello que nos muestra la propia fragilidad, o propio desencanto. Finalmente: Nos somos perfectos.

Permiso. Esto es lo que creo de la vergüenza. Que nos da la bella oportunidad de concedernos la posibilidad de reconciliarnos con nosotros y no quedarnos en la baja autoestima por sentir que “fallamos”. O que no cumplimos con lo establecido por el lugar, la situación, los códigos o la cultura.

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La vergüenza es una emoción que como dije, nos hace público algo privado, algo íntimo.

Surge cuando creemos que se hace visible a los otros algo que interpretamos fuera de la aceptación de los demás, o de nosotros mismos.

Se refleja en el cuerpo. Somos una unidad: Lenguaje, cuerpo, emoción. Los labios se secan, traspiramos más, nos ponemos colorados, se aceleran los latidos, bajamos la cabeza, hablamos bajito, nos escondemos.

Podemos aprovechar este mensaje para conocernos más y encontrar una distinción salvadora: Nos somos lo que hacemos. Una cosa es quien sos y otra es lo que haces. Desidentificarte de lo que haces te permite corregirlo, cambiarlo, pedir disculpas, repararlo. Y seguir siendo íntegro. De esa forma podes volver a la acción y restaurar la imagen de vos mismo.

El asunto se complica cuando por vergüenza no accionamos. Entonces tenemos dos temas para resolver: la vergüenza y la no acción.

Todo está en nuestras creencias. Es desde lo que pensamos o creemos que podemos crear el cambio necesario para superar el obstáculo. Y atravesar lo que nos limita. Si algo nos produce vergüenza y no queremos mostrarnos como somos es porque no nos animamos a correr el riesgo de no contar con la aceptación.

El costo de la vergüenza es tan alto, que no vale la pena entregarle tus mejores instantes. Todo podes cambiarlo con una simple decisión: “Yo puedo”, “Yo valgo” “Yo quiero”.

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Donde estás vos esta tu voz. ¿Cómo estas conversando con vos acerca de vos misma? ¿Qué necesitas superar para transformarte en alguien que se acepte como es y pueda mostrarse auténtica frente a los demás? ¿A qué le das valor hoy? ¿Cuánto estás dispuesta a aprender para pararte en un lugar de confianza personal y de amor propio?

Soltar las creencias que hoy te limitan es superar lo que haces o no haces y verte más grande que cualquier obstáculo.

La vergüenza es un mensaje. Usalo para decodificarlo, para conocerte, para superarte, para mostrarte…Pero ante todo usala para descubrirte y así encontrar tu propio poder personal que te lleve a mejorar y relacionarte con tu entorno de modo que siempre estés en una actitud de aprendizaje y mejora continua.

No sé si publicar esta nota, no sé si enviarla…no sé si le servirá a alguien. Hay muchas cosas que yo no sé, y que no están bajo mi control. Pierdo la vergüenza. Me encuentro conmigo misma, con mis valores, con mis palabras. Con mi ser coach y dar lo mejor. El resto no está bajo mi control. Suelto todas las creencias que me limitan y confío en mi misma.

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¿Y vos?

¿Qué historia te vas a contar hoy?

¿Dónde queda tu aceptación?

¿Cuáles son tus propios valores?

¿A quién le das autoridad?

Vos sos única.

Escuchate.

 

Formación en Coordinación de Grupos con Psicodrama Psicoanalítico y Educación por el Arte. Coach Ontológico Profesional. Escritora “Mujeres que ven”. Creadora proyecto “Las Helenas”, un espacio de encuentro y aprendizaje de herramientas de coaching para mujeres. Comprometida con acompañar procesos de cambio, y trasformación para abordar la búsqueda de sentido y valores hacia logros personales para la vida.

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