Restaurante Hermann, una experiencia para el olvido

Escrito por Sabrina Buceta

Sobre la esquina de avenida Santa fe al 3902, en pleno barrio de Palermo, frente al esplendor del jardín botánico, se haya este bodegón clásico que se especializa en platos nacionales e internacionales. Se jactan de tener un ambiente agradable y familiar, y por supuesto de tener alta calidad en el servicio. Sin embargo Hermann, “famosos desde 1940” debería revisar esta última característica. Tal vez en su inauguración haya cumplido con todas las expectativas, pero hoy en día se ha convertido en una desilusión.

Al momento de ingresar, te hayas en un ambiente cálido y acogedor, bien típico de los bodegones, un restaurante de barrio, pequeño y con muebles de madera. Cuando te sientas traen el menú un tanto antiguo pero con muchos platos, quizás demasiados platos hasta el punto de marearte. Se decide por pedir ¼ de pollo a la parisiense con vino malbec finca alma mora, junto con el resto que solicitó para cenar salchicha alemana con chucrut, canelones de humita, pollo a la parrilla con papas fritas y suprema de pollo rebozada. Nos sorprendió la rapidez con la que trajeron la bebida, de todos modos, si hubo que esperar media hora por reloj a que trajeran la comida. Cuando al fin llegó el mozo con los platos, se olvidó de los canelones, y tuvo que regresar a la cocina a pedirle al chef que lo realice. En el mientras tanto, al servir el ¼ de pollo a la parisienne, me sorprendió al ver que nada tenía que ver con lo que había pedido, el pollo parecía por fuera una salchicha y la salsa era de un tono verdoso con arvejas y papas noisette. Al recriminarle el pollo que había traído a la mesa, responde de forma muy maleducada afirmando que pato no servían. En consecuencia se procedió a estudiar el intento de pollo. No era más que una pieza congelada que sobre cocinaron previamente al horno. La parte externa estaba colorada, oscurecida, y por adentro se hallaba muy seco. La textura era de un chicle, muy tedioso de masticar. La salsa era insulsa pues nada tenía de parisienne. Como bien se sabe la parisienne original tiene crema de leche, champiñones, jamón, salsa bechamel y pollo, lo cual un cocinero con nociones básicas de cocina debiera saberlo. O bien el cocinero de este restaurante no está capacitado para interpretar un plato o estaba consciente del error que estaba cometiendo pero al buscar entregar la comanda lo más rápido posible omitió utilizar los ingredientes correctos como si el comensal fuese un ignorante y no se diera cuenta. Respecto al resto de los platillos, el pollo a la parrilla quemado por fuera y por consecuencia seco por dentro no resulto muy apetitoso, la salchicha alemana con chucrut fue lo más rescatable, pues en sabor como en textura era lo más parecido al plato original.

Ni bien se estaba terminando de consumir los platos, el comensal que esperaba sus canelones, por fin los recibió, y no sólo demoraron en traerlo, sino que le sirvieron un solo canelón partido a la mitad, no lo suficiente como para satisfacer el estómago. Después de la mala experiencia alimenticia, se sufrió el maltrato del mozo, quien a pesar de haber retrasado la entrega de los platillos, procedió a “apurar” para que se deje libre la mesa reiterándolo una y otra vez. En ese momento se le exigió que trajera la cuenta con extrema rapidez, lo cual para ello si lo hizo, sin embargo al traer la cuenta había cobrado por pedidos que no se habían realizado y a su vez omitió cobrar otros. De muy mala gana el mozo no vuelve a imprimir el ticket legal detallado y obliga al comensal a abonar más de lo que debía ser y sugerir que realizara la cuenta el mismo en nivel amenazante.

Ha sido una experiencia degradante, te vas con un sabor amargo, el restaurante Hermann ya no es lo que una vez ha sido, si es que alguna vez fue bueno, y es necesario que el dueño haga una revisión del personal que tiene a cargo en cada posición exigiendo excelencia y responsabilidad en cada acto. El éxito de un restaurante no solo depende del servicio, que sin lugar a dudas en la mayoría de los casos un mal servicio puede implicar la quiebra de un local, también el menú que se ofrece debe estar bien elaborado, por el contrario, es conveniente centralizarse en aquellos productos que sepan manejar. Si este restaurante no cambia el rumbo estará destinado a la perdición.

Tengo 26 años y estudié periodismo en Eter escuela de comunicación. Curse la carrera de chef en Eag escuela de arte gastronómico.

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