Vivir sin tiempo, un mal de época

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Escrito por Natalia Eluchans

Crisis, el apagón de las ideas o la rebelión de ellas.

Podemos estar en todas partes, ser padres, amigos, pareja, jefes, profesionales y trabajadores full time.

Podemos, o creemos que lo hacemos todo y bien.

¿Qué cuenta la realidad que nos ofrece el reflejo de nuestra propia vida?

Comienza el día, la semana, con miles de situaciones a resolver. Familia, hijos, trabajo, amigos. El espacio propio para desarrollarnos en lo que más nos gusta y conecta con el ser interno.

Estamos en pleno revuelo diurno, desempolvando el cansancio acumulado día tras día, semana tras semana, mes tras mes…. Llegando a la mitad de un nuevo ciclo.

Creemos tener todo bajo control. Tenemos en mente los pasos a seguir para el resto del año que nos queda aún por transitar.

Y de repente, nos emerge un desencanto que se agita en el centro mismo del presente, queriendo salir como un grito desgarrado por nuestra voz y desterrar así el holocausto de malas energías que se acumularon en medio año de no dejar de correr tras un vendaval de problemas, emociones, discusiones, tolerancia, paciencia extrema y mal vivir.

Hemos dejado pasar la vida…. Medio año más.

Nos arrebata el movimiento, nos encandila la presión del tener que consumir lo que sea, aunque no lo necesitemos ni nos haga felices.

Pero en este segundo tiempo, en la vuelta del círculo que se cierra, se siente un latido distinto. Ya nos vemos diferentes, comenzamos a darnos cuenta de la vida que fluye a nuestro alrededor y que no somos capaces de disfrutar.

La familia ha quedado a un lado, los amigos lejos, el espacio propio para desarrollarnos en stand by… todo en un segundo plano, inerte, petrificado esperando que nos demos cuenta de lo que estamos haciendo.

Un día todo se clarifica, tocamos fondo, vemos pasar la juventud, las negaciones, los proyectos, los hijos, las convicciones como en un film… como si no fuese real, como algo que ya pasó y no podemos hacer nada para cambiarlo.

Y sin embargo, queda tanto por hacer.

Corremos desde que nos levantamos, con el celular, la compu, los noticieros que nos informan el tiempo, como va el país y si se puede llegar a capital por el camino de siempre.

Trabajamos más horas para comprar más cosas que, para pagarlas, tendremos que trabajar los fines semana y no salir con los niños, ni ver a nuestros padres, ni salir con nuestra pareja, ni descansar.

Acumulamos estrés, sueño, inestabilidad psíquica, deficiencia emocional, cansancio y frustración. Y a cambio sólo nos queda todo eso y el vacío de no llegar a tener nada.

Pero siempre hay una alarma que se dispara en el momento exacto, para hacernos entender para qué hacemos tantas cosas innecesarias, como trabajar más horas de las que necesitamos, o comprar aquél plasma de 55 pulgadas que nadie ve, porque todos tienen actividades extras para poder compensar los gastos.

Un día el reloj se detiene, y nada vuelve hacia atrás.

Entonces, ¿para qué vivir trabajando? Para qué comprar y consumir modas, si lo que en verdad necesitamos es el afecto de quienes amamos. Y amar, no es regalar presentes, amar es dedicarle tiempo a quienes amamos. Es cocinarles toda la tarde, para que en media hora no queden ni las migas. Es trabajar lo justo y dedicarle más tiempo a las caminatas despreocupadas, bajo un cielo que se torna cálido, de la mano, del brazo, en compañía de quien elijamos.

Es tener el fin de semana libre para dormir hasta más tarde, desayunar en la cama, con los niños deambulando por toda la casa, descalzos y despeinados.

Es darle a quienes nos esperan, nuestra presencia a diario.

El hecho de tener que trabajar, no deja de lado la vida. Ni el hecho de estar en una sociedad, de vivir en masas idiotizadas, despojadas de pensamiento propio y lejos de modas absurdas e incoherentes.

En esta etapa del año, en plena conciencia de lo que nos es más importante y necesario, debemos comenzar el cambio que deseamos conseguir en breve. Nada se mantiene solo, ni el deseo de permanecer, ni las ganas de hacer ni el amor por lo que hacemos.

Hoy, ya es un muy buen momento para frenar un poco esta marcha delirante de una carrera perdida, y tratar de focalizar en lo que en verdad nos hace sentir plenos y felices.

Dejemos de preocuparnos por estar ocupados con cualquier cosa y salgamos a ver el sol, todo pasa una sola vez…

Originaria de Parque Leloir, provincia de Buenos Aires, actualmente capital federal. Escritora aficionada y artesana, madre, abuela. Amante de los animales, en especial los gatos. En etapa activa de realización de mi primer libro de poemas en prosa.

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